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La Libertad y los hipócritas.

Resulta un asunto bastante extraño el hecho de que los mal llamados progresistas, generalmente enemigos del progreso, se declaran abiertamente defensores de la libertad de las personas en temas morales y políticos, pero con el mismo énfasis se asumen también como enemigos acérrimos de la libertad económica.

Contrariando la idea de libertad como un todo, la progresía suele defender el derecho inalienable de las personas a elegir, por ejemplo, su credo y orientación sexual, cosas totalmente respetables; sin embargo, son timoratos, cuando no enemigos, en lo referente a que las personas retengan el dinero producto de transacciones laborales, asociaciones, e incluso operaciones sencillas de compra y venta.

La libertad, para los progres, aunque no lo admitan, es claramente un asunto divisible que, dependiendo del público objetivo, puede ser delimitada en mayor o menor medida. De qué otra forma, si no ésta, se puede apreciar, una planificación racional debe convertirse la herramienta de todo progresista. De qué otra forma se va a igualar a los que, dejados a su accionar, serían desiguales. Pero esta igualación forzada implica discriminar a sectores de la sociedad. La paradoja del igualitarismo es que discrimina, incluso en forma más profunda y consciente a los ciudadanos.

Existe una diferencia fundamental entre tratar igualmente y tratar de igualar. Tocqueville hace más de siglo y medio se dio cuenta de la gran tentación que parecía apoderarse de los políticos, y que hoy nosotros vemos diseminada por el mundo. El dictador benevolente, puesto que no hay otra forma de llamar a quien impone una decisión en base a la idea del hipotético beneficio colectivo posterior, es hoy la forma más frecuente, y casi única, de político en el mundo.

En el fondo, la progresía oculta un ansia profunda de discriminación. Ya sea estableciendo cuotas, en base a una siempre caprichosa lógica de los géneros, el color de piel, y seguramente pronto en la procedencia, o dedicando presupuestos a ayudas asistenciales (me rehúso a contribuir con el mal uso del término social, como si fuera sinónimo de asistencialismo gubernamental y de la lógica socialista)  que nunca solventan el problema de fondo; las izquierdas de todos los sabores constituyen un ejemplo clarísimo de hipocresía política.

Propulsores de los sistemas más “solidarios” del mundo (donde ellos obligan al resto a ser solidarios con personas necesitadas), al apreciar que ni en los países mejor administrados del mundo pueden sostenerse este tipo de políticas, ejecutan un repliegue táctico hacia posiciones más radicales que los nostálgicos de la guerra fría, y los hijos asumidos de ese sinsentido postmoderno que es el fin de las ideologías, ven como tibias.

Pero no se puede obligar a ser solidario, puesto que los impuestos que se orientan a estos fines parten de la idea misma de que no se puede permitir elegir a la gente ante la posibilidad de que obren de forma no-solidaria. Para un dictador benevolente, sería altamente egoísta que una persona retenga el dinero que de otra manera iría a políticas asistencialistas.

La lógica socialista dictamina que no se puede permitir tal disyuntiva, por lo que el gobierno impone categóricamente la respuesta: los ciudadanos serán “solidarios”, quieran o no. Se podrá argüir que existe la posibilidad de evadir impuestos, pero en la medida en que conducen a la cárcel, no es que se pueda decir que son una alternativa factible, al menos en los países más desarrollados.

Un ejemplo claro se da en el gobierno actual alemán. Como se sabe, producto de un mal resultado electoral de los socios naturales de los conservadores, se produjo una “gran coalición” entre conservadores y socialistas. Traemos el caso porque los alemanes suelen ser personas honestas, incluso los socialistas alemanes. Por eso, no es de extrañar que el proyecto presentado por el Ministro de Economía alemán para expulsar inmigrantes desempleados por más de 3 meses fuera elaborado por el mismísimo Partido Socialdemócrata Alemán (SPD en lengua nativa).

Se trata de algo que no querrían reconocer los socialistas de otras latitudes (tal como sucede con su proximidad al fascismo, falangismo, y nacionalsocialismo): los partidos socialistas, para recuperar o mantener su electorado sindical o de trabajadores independientes podrían, sin dudarlo, aprobar proyectos claramente discriminatorios con los trabajadores de otros países. Se trata de la xenofobia socialista, que, si se toman la molestia de consultar, está presente en el marxismo, y que las tendencias moderadas trataron de ocultar, olvidando que también las izquierdas pueden exterminar poblaciones enteras en base a diferentes criterios.

Esto se explica sencillamente, los partidos socialistas sufrieron durante los últimos 24 meses los retrocesos electorales más grandes de toda su historia. Claro, sorprende también que tras más de 20 años del colapso del socialismo, apenas hace dos años que el socialismo sufre varapalos en el resto del mundo. Se podrá argüir que este es otro estilo, otra forma de entender el socialismo, pero la realidad es que el socialismo en sí, sea gradualista o revolucionario, donde se implementa, fracasa.

Pero no posterguemos el asunto, y volvamos a entrar en el tema de la hipocresía izquierdista de hoy. Los tirios y troyanos de la izquierda siempre tratan de deslindarse de los fracasos de su política. Cuando un país que ve reducida progresivamente su libertad, ve como aumenta exponencialmente su pobreza y atraso, la izquierda generalmente encuentra que se trata de una falla en la implementación o, dependiendo del grado de trasnocho, de un enemigo interno o externo.

La solución casi siempre es la misma, más de la misma medicina, es por ello que los casos de reformas estructurales adelantadas por partidos de izquierdas en las últimas décadas del siglo pasado, fueron tildadas de “neoliberales” y por qué, en muchos casos, se ha crucificado a las figuras de la izquierda que asumieron que el sistema no daba para más y que si se quería salvar en alguna medida la esencia, debía ajustarse un poco su forma.

Como vemos, si el falso discurso sobre la libertad es la primera hipocresía, la segunda tiene que ser claramente esa “amnesia” sobre el pasado. Será labor de quienes nos oponemos a estas hipocresías, desenmascararlas, y con ello permitir que las cosas comiencen a llamarse por su nombre y lograr salir del marco que durante décadas la izquierda ha impuesto en el “debate” de las ideas.

Por ello, es fundamental progresar en el rediseño de los conceptos, desentrañando las terribles falacias del socialismo, para poder cambiar el terreno de debate. La orografía donde se dan los debates de las ideas, hasta ahora ha respondido siempre a los caprichos de la izquierda que se vale de herramientas sumamente productivas para su causa.

Todo ello sin olvidar lo fundamental de evitar hablarle solo a los intelectuales, recordemos que existen muchas más personas que tienen otros oficios y que son ellos quienes deciden realmente a diario quién triunfa realmente en las sociedades: la envidia, o la libertad.

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La república de Páez

Venezuela en no pocas oportunidades ha servido como caso de estudio para los interesados en las ciencias sociales. Sin pretender entrar en la discusión sobre la pertenencia o no de la Historia como ciencia social, asumiremos aquí que se encuentra indisolublemente ligada a las mismas, de forma tal que cobra sentido la afirmación que alguna vez hizo Schumpeter, que aquí parafraseamos, que de todas las dimensiones importantes para la economía, la histórica es acaso la más importante.

Hoy día se desconfía del sector financiero, y muchas veces con razón. Suele pasar que en la mayoría de los países los banqueros se han convertido en un sector protegido, destruyendo la dualidad ganancia-pérdida, tan necesaria para el funcionamiento adecuado del sistema capitalista de libre empresa. Muchas veces, los venezolanos de la intelligentsia consideran que debe protegerse a tirios (banqueros) y troyanos (deudores) para que se garantice un equilibrio entre las partes fomentando la armonía de intereses. Asimismo, la gran mayoría de los intelectuales, consideran que, en pos de un beneficio colectivo, las autoridades estatales han de establecer de forma centralizada las tasas de interés (sean referenciales por lo general); la libertad bancaria de fijar las tasas de interés sobre sus préstamos es nociva ya que tenderá a la usura y perjudicará a los deudores.

Opiniones como estas no solo son propias de nuestra realidad de hoy, donde pululan. Nos llevan a nuestra historia, más concretamente a los principios de Venezuela como república independiente. Por entonces se llevó adelante lo que Manuel Pérez Vila (1992) caracterizó como el gobierno deliberativo, coincidiendo además con la creación de las primeras entidades bancarias del país (con capital inglés, y a veces mixto por participación del gobierno como accionista), recordemos que hasta entonces existían las casas financieras donde los alemanes tenían una presencia importante. Por entonces las tasas de interés y los préstamos se generaban libremente, y, contrario a lo que se piensa, de acuerdo a lo señalado por Pérez Vila quien se basa en los datos de la Hacienda Pública nacional, los intereses no propendieron al alza, sino que se ubicaron en torno al 11 y 12% (llegando incluso al 9%), difícilmente alguien puede concebir estas tasas como usureras, sobre todo cuando hoy tenemos tasas un poco superiores y se habla de tasas muy bajas que solo fomentan aun más el consumo.General y Presidente de Venezuela José A. Páez

Sucede que, incluso, en un marco de relativa estabilidad pues eran frecuentes los alzamientos, el sistema de libertad financiera estaba resultando, y la muy golpeada economía a consecuencia de la guerra se estaba recuperando. Por supuesto, no se trató de una recuperación milagrosa y acelerada, sino que estaba basada en un esquema de crecimiento moderado y recuperación de capitales derruidos por la guerra. Y a pesar de todo, el sistema funcionó muy bien, se replantaron haciendas, se reiniciaron actividades abandonadas, el sector ganadero repobló sus fincas, y la artesanía encontró nuevos consumidores. Sin embargo, dadas las peculiaridades del comercio exportador nacional, nos encontramos ante el problema de exportar productos de consumo suntuario (café y cacao), reemplazables (añil y cueros) y con dificultades para incrementar la producción y encontrar nuevos mercados (carnes, que por razones técnicas no podía llegar más allá de las islas del Caribe). A fin de cuentas, Venezuela no era “indispensable”, y no se producían avances tecnológicos en estas tierras, el sistema requería más estabilidad, y por supuesto, tiempo.

Cuando se hizo complicado para los artesanos competir con los productos que llegaban de Inglaterra y otros países más avanzados en el proceso de desarrollo capitalista, se iniciaron las peticiones por parte de los grupos de interés afectados. Agricultores y artesanos empezaron a demandar mayores protecciones así como también políticas crediticias preferenciales, y de esta forma sectores que anteriormente se habían enfrentado o por lo menos tolerado como enemigos potenciales, se coaligaron para demandarle al Estado y su administración las protecciones que requerían para “sobrevivir y prosperar”. Hasta finales de los años 30, Venezuela había seguido una política muy cercana a principios “manchesterianos” que tanto le había funcionado a Inglaterra, por supuesto aun se tenía que avanzar en muchos frentes, pero la apertura en todos los sentidos rendía sus frutos, la prensa era permitida, se eliminaron los monopolios de los que gozaba el gobierno, y se procedió hacia la separación de la iglesia y el Estado (permitiéndose además la entrada a nuevas iglesias como la anglicana, e incluso religiones como la judía).

Pero en lo económico también se reportaron logros, la producción no solo creció, sino que la población también la acompañó en crecimiento. Venezuela fue muestra, mientras duraron los 17 años del gobierno deliberativo bajo la égida de Páez (quien merece ser rescatado ante la opinión pública), de que el proyecto de amplias libertades en el terreno económico produce bienestar colectivo. Evidentemente, Venezuela no poseía las características necesarias para alcanzar el ritmo de crecimiento inglés, mucho menos el norteamericano. Pero durante esos 17 años el país recobró una paz relativa e inició el avance, retrasado por la crisis política de 1846-1847, y con especial énfasis con el ascenso de los Monagas al poder, quienes, en conjunto con los partidarios del “liberalismo” venezolano (Guzmán y compañía) no dudaron en valerse de las malas prácticas del paecismo, y agregarles varias propias.

El fracaso del modelo, agotado por sus fallas políticas que le impidieron generar mecanismos eficaces de resolución de conflictos, se debió en gran parte por inmadurez política de “liberales” y “conservadores”, quienes fueron incapaces de generar acuerdos para compartir el poder y alternarse en el mando dentro de un sistema electoral semejante al que se desarrolló en otros países. Así, el monaguismo se encumbrará sobre los conflictos generados tras la amenaza de victoria de Antonio Leocadio Guzmán, y la llegada del primer Monagas al poder como candidato conservador con simpatías dentro del liberalismo. Como es sabido, Monagas solo perseguirá aumentar su poder y el de su familia, a costa del resto de los grupos sociales postergando la resolución de los conflictos latentes entre los grupos de interés y las clases discriminadas en el ejercicio del poder y el usufructo de los privilegios conduciendo finalmente al hecho sangriento de la Guerra Federal.

Sobre “Venezuela adolescente” de Andrés Volpe.

Recientemente me topé por fortuna de las redes sociales con un artículo publicado en Analítica el sábado 08 de septiembre del 2012 titulado “Venezuela adolescente” . Baste decir que en general comparto varias aseveraciones que hace en el mismo, pero como estas líneas no están orientadas tanto a lo que comparto del artículo como mis diferencias, creo que es mejor avanzar lo más pronto posible al asunto.

Primero, lo compartido, parece evidente de acuerdo a los estudios de opinión que se han estado realizando por meses que la mayor parte de la población venezolana tiene deseos estables de cambio. Parece también que no se ha establecido un horizonte hacia el cual una gran parte de la población desee avanzar con claridad. Eso con respecto a la actualidad.

Ahora bien, cuando Volpe se refiere a que durante el segundo gobierno se pidió un cambio, hay que recordar que el cambio que la población eligió al votar por Carlos Andrés Pérez no estaba orientado hacia adelante, sino hacia atrás, el venezolano que dio su voto al candidato accióndemocratista estaba buscando un regreso a aquellos años de su primer gobierno, sin embargo, es bueno recordar que el país no era el mismo, y que las condiciones de Venezuela no permitían un avance a esa situación que, de igual forma, nos había traído al escenario de 1988.

En segundo lugar, considero que tratar a las reformas del segundo gobierno de CAP como liberales puede confundir más que aclarar. En efecto, hubo algunos intentos dentro de los puntos de liberar y privatizar, pero generalmente fueron encauzados de forma tal que no permitieron realmente la liberalización. Privatizaciones entre panas son el ejemplo más claro de lo que comento.

Estoy totalmente de acuerdo en que el socialismo tiene larga data en el país, incluso, las intentonas filomarxistas también. No se requiere tener PhD para ser marxista y tener propuestas marxistas, como parecen creer muchos izquierdistas románticos que reniegan la longevidad e incluso aplicación durante más de medio siglo de políticas socialistas. Se trata de una historia a la que, cuando la aceptan, critican en su ejecución técnica pero no orientación, era buena la idea, pero la echaron a perder. Incluso la generación de 1928 tiene a sus principales exponentes dentro de esta corriente del marxismo. No deja de ser cierto que Betancourt le dio tintes democráticos (enorme avance, está claro) a la implantación del socialismo, en concordancia con lo que otro grande de la socialdemocracia latinoamericana propuso: el peruano Víctor Haya de la Torre, y mucho más allá en Europa, siguiendo lo propuesto por el alemán Eduard Bernstein, esto es, el socialismo por etapas a través de elecciones.

Hay un elemento importante cuando Volpe comenta  “Quizás no sea solo culpa de nosotros, sino de la herencia católica que tenemos. Al menos, eso es a lo que apunta el sociólogo Max Weber.” Y en este punto difiero, especialmente porque el mismo Weber afirma que el capitalismo surge originalmente en los burgos italianos, católicos como es bien sabido, solo que proliferó con mayor facilidad en las regiones protestantes ascéticas. Pero esto por consecuencias no previstas de una ética que promovía la aceptación absoluta del trabajo como forma de cumplir los designios de Dios, a la vez que rechazaba los placeres mundanos y por lo tanto que conducía a una acumulación no prevista de riquezas. Además, países con tradiciones religiosas católicas, incluso otros con éticas ajenas a occidente, han tenido éxito.

Finalizo con dos cosas. Primero, el keynesianismo cada vez se sostiene más por fe que por evidencia, recientes investigaciones están demostrando que incluso su efecto multiplicador no multiplicó nada y que más bien tuvo una incidencia bastante limitada.

Segundo, y más importante, Capriles, y el caprilismo, no se plantean la pregunta de las resistencias a la austeridad de unas eventuales reformas liberales, pero esto es así no porque ignoren a los venezolanos, sino que no está planteado, a corto o largo plazo, la implementación de reformas de corte liberal. Existen algunos atisbos de avanzar en el terreno del control de cambio y los precios, sin embargo, difícilmente serán implementados si la situación del país se normaliza y vuelve la mentalidad de que con el ingreso petrolero se sostiene cualquier programa. Reformar el país a la usanza de propuestas liberales no es un objetivo real para quienes no creen ellas.

Libertad es: Crecimiento y Bienestar

Asumamos por un momento una realidad evidente en los indicadores económicos pero no en la opinión predominante de la mayor parte de los columnistas en el tema económico, el mundo de hoy muestra una multiplicidad de modelos económicos, pero ninguno de ellos se acerca realmente a los cacareados paradigmas. De esta forma se pueden apreciar una economía Sueca (para un análisis de Suecia ver “Modelos Suecos”, por Johan Norberg, disponible en http://nationalinterest.org/article/swedish-models-869), que para el estatus quo de articulistas es un paradigma de socialismo eficiente, y una región especial como Hong Kong que se aproxima como ninguna otra región o país al capitalismo liberal. Sigue leyendo

Cuatro meses y contando.

Una realidad incontestable aparece en el horizonte, nos encontramos a casi 4 meses de la fecha clave que, como ya es habitual, se nos presenta cada año. Sigue leyendo

Tiempo de elegir

Cada nueva elección puede ser entendida como la posibilidad de un nuevo comienzo. Para los que gustamos decir que nos apasiona la política, el encanto que ella ejerce sobre nosotros sólo puede ser comparado con un enamoramiento en una fase inicial. Pero para fortuna de muchos, esta infatuación tiene un carácter permanente. Hace que para nosotros, así como para los políticos de profesión, este estado se prolongue durante años e inclusive a toda una vida. Sigue leyendo