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Juan Ramón Rallo contra el estatus quo.

Las redes en España se conmocionan con la noticia, un economista liberal ha sido el nuevo fichaje de la televisión pública. Las izquierdas se molestan, algunas llegan incluso a pedir su desincorporación. La Unión General de Trabajadores encendió la hoguera, reclamando que: “…se suspenda de inmediato cualquier relación laboral con Juan Ramón Rallo, es más, demandamos por parte de nuestra dirección que sepa quiénes son y qué deben defender, y que en consecuencia impidan la presencia de este señor en nuestras instalaciones.”

Pero por qué los hombres de la izquierda parecen reaccionar de manera desmedida frente a la que debería ser una oportunidad de demostrar cuán equivocados están los que ponen en duda de las ventajas de las políticas que la izquierda propone.

Existe una máxima tan antigua como la estrategia enunciada por Sun Tzu en el archicitado Arte de la guerra: “Hay rutas que no debes usar, ejércitos que no han de ser atacados, ciudades que no deben ser rodeadas, terrenos sobre los que no se debe combatir, y órdenes de gobernantes civiles que no deben ser obedecidas.” La última campanada de la UGT anuncia que algunos sectores de la izquierda están más que negados a presentarse al debate de las ideas.

La aspiración de los sindicatos en España.

Parte del problema se debe a que siempre han gozado de hegemonía en los medios de comunicación. En España, contrario a lo que se afirma afuera, existe una hegemonía clara de medios de comunicación de tendencia izquierdista. Probablemente sea una afrenta contra los paneles siempre complacientes, tan a gusto de las izquierdas que se dedican a enmarcar a las otras tendencias, la llegada a la televisión nacional de un personaje que destaca por ser precisamente incómodo para los marcos preestablecidos por el izquierdismo hegemónico.

Que un personaje de la talla de Juan Ramón Rallo entre en la TV pública de España debe representar para las izquierdas algo similar a lo que deben haber sentido los romanos al ver en el horizonte al general cartaginés Aníbal. Con gritos de “¡Aníbal ad portas!” los hombres y mujeres de Roma se hallaban despavoridos, encerrados en su propia ciudad, donde hasta ese momento se creían invulnerables. Claro, existen diferencias importantes, las izquierdas no han construido ninguna Roma, y Rallo no se presenta como un nuevo Aníbal.

JRR siempre ha sido un personaje polémico para el estatus, especialmente porque no teme tomar posturas claras. En sus minuciosos artículos y libros que pueden ser fácilmente catalogados como clásicos y de cabecera, Rallo ha sabido darle un aire al liberalismo. Antes los liberales no encontrábamos salida de las aulas, por falta de interés o por cierre de puertas, pero poco a poco Rallo ha conseguido levantar el cerco, y hoy encuentra eco en millares de personas que leen sus artículos.

No puede haber duda es que ya las izquierdas han recibido un golpe en lo que consideraba su Roma, los medios de comunicación, y la reacción no pudo ser peor. La UGT solicita que, con su desincorporación, se garantice el derecho a lo público. No deja de ser paradójico que se garantice lo público discriminando a quienes no comparten las opiniones de algunos. El asunto es que JRR no se encuentra sólo, al menos sociológicamente hablando.

Resultados recientes del Centro de Investigaciones Sociológicas muestran que, al menos, 12 de cada 100 españoles se afirman como liberales. Si es así, ¿por qué se debería impedir que ese 12 por ciento encuentre espacios en la TV pública? ¿No será que las izquierdas en el fondo están a favor de medios públicos únicamente cuando están en el gobierno, o gobierna un partido con el que pueden alcanzar compromisos acomodaticios? Creo que la llegada de Rallo a TVE puede abrir el compás político de una vez por todas, tal vez sea eso precisamente lo que se teme.

Hoy se recibe la noticia que ningún defensor consecuente de la libertad de expresión desearía, en un giro de sumisión a la presión de ciertos grupos, RTVE ha decidido desincorporar a Rallo del programa matutino. Tan sólo 10 minutos, de las 24 horas del día, iba a tener un personaje irreverente para contrarrestar horas y horas de impulso al intervencionismo en España.

Y este es sólo un dato en un canal, si se considera la gama de canales españoles, 10 minutos de una programación que goza de alrededor del 10% de sintonía al día permite apreciar lo exageradas de las reacciones.

Por supuesto, la salida de Rallo no es producto únicamente de la campaña negativa de la UGT. La complicidad de la línea editorial del canal sólo puede reaccionar así porque, además, comparte reservas ante el invitado. Muchos sectores de España se niegan a aceptar lo que Rallo demuestra, el Estado español es insostenible, y unas pocas reformas no van a resolver el problema. Tenemos que hacer saber a la gente que a políticos, mercantilistas, sindicalistas, es decir, a muchos en instancias de poder les repugna la idea de una sociedad más libre.

El temor a una sociedad más libre y su consecuencia, próspera, haría que muchas de las cosas a la que los ciudadanos se aferran por el miedo inculcado, esa desconfianza en el prójimo que hace que terceros deban inmiscuirse de principio a fin, perdieran sentido. Con ello, todos quienes sustentan su poder en el control y la dependencia de los ciudadanos, se verían desprovistos de la cortina que oculta una verdad enorme: las decisiones voluntarias y racionales entre las personas son definitivamente más libres y más democráticas.

Rallo defiende esto último, y por eso, se le aparta. ¿Qué es lo que no se entiende de Libertad de expresión?

Tan sólo un día se le permitió a Rallo colaborar en La Mañana.

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