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Razones para aprender economía.

Primero que nada se debe entender algo, la economía no se reduce a modelos, mucho menos a funciones matemáticas. Esta noción no ha hecho más generar daños a la capacidad de conocer la realidad. Incluso, al separar la economía en dos no se ha alcanzado el objetivo original cartesiano de separar las partes que componen un todo para así analizarlo mejor, sino que por el contrario, la confusión parece haber aumentado a raíz de  mecanicismos como el hombre económico y sus acciones siempre racionales maximizadoras de la utilidad.

Sin embargo, no es criticar las suposiciones racionalistas y matemáticas de los economistas lo que me preocupa aquí, sino el abandono aparente que muchas otras profesiones hacen del estudio económico.  Lo anterior se aplica en especial al caso que me interesa en particular, el de la sociología. Si bien solo puedo comentar sobre el caso que me atañe, por comentarios y reconocimiento progresivo de otras experiencias educativas en otros centros universitarios donde se da la carrera de sociología las situaciones me resultan muy familiares, y aunque no me aventuraré a asumir que lo que pasó en mi experiencia es generalizable, pienso que puede servir como testimonio sirva para que otros, con situaciones similares, se pregunten por las raíces del problema.

A fin de cuentas, ¿cómo es posible que una ciencia con pretensiones la ciencia imperialista por excelencia, aquella que acumule para sí todos los aportes de las otras ciencias y les de coherencia en colectivo, aquella que pretende tener un conocimiento complejo para abordar una realidad compleja tenga por conocimiento marginal a la ciencia económica? Razones hay muchas, pero creo que hay 3 principales:

1)      Prejuicios: se asume que la economía es una ciencia al servicio de los grandes intereses económicos, y que, enmarcada en una racionalidad que le es propia, solo contribuye a los intereses del capitalismo (suficiente para ser execrada de los estudios humanos). Como pueden presumir, esta es la actitud que toman quienes se asumen petulantemente con un conocimiento superior, más real, o más humano de la realidad social.

2)      Pereza: tiene que ver con lo anterior, pero implica una cierta pereza especial el asumir que el conocimiento es fundamental para el desempeño de un sociólogo, y no esforzarse por recolectar un conocimiento que, nos guste o no, ocupa titulares, opiniones, y decisiones de miles de millones de personas a diario. Mucho peor es cuando se estudia economía marxista y se piensa que se alcanzó la tapa del frasco, cuando en realidad se estaría en la parte más baja del mismo.

3)      Resentimiento: asumo que esta es la más simple de todas. En las escuelas de sociología no se le da un tratamiento serio al estudio de la economía porque muchas de sus enseñanzas y hallazgos van en contra de supuestos establecidos en la sociología tradicional de nuestro país (no caigan en arrogancia los economistas, lo mismo pasa a la inversa en las escuelas de economía). De esta forma, se asume que una de las dos áreas debe estar equivocada, y como es normal, donde no se puede llegar a una discusión sintética, uno de los dos debe caer.

De esta manera nos encontramos ante una realidad bastante difícil de superar, sociólogos y economistas hablamos lenguajes muy distintos. Asumo que esta realidad se mantendrá, por lo menos en mi alma máter, hasta tanto no se profundicen los canales de diálogo académico que nos permitan debatir, polemizar, y finalmente acordar de cara a la construcción de nuevos conocimientos para las ciencias sociales en Venezuela.

Esa es la razón por la que aún hoy una escuela de Sociología pretenda enseñar que la única teoría del valor es la del valor trabajo y que las relaciones económicas son juegos que suman 0; y que una escuela de Economía pretenda enseñar que los seres humanos somos seres enteramente racionales y que las acciones y decisiones solo deben ser juzgadas en términos económicos.

Pienso que para realmente aprender sobre un tema trascendental, se requiere superar estos y otros problemas. Un mundo complejo requiere un conocimiento complejo aunque sin pretensiones omniabarcantes (por cuanto imposibles). Claro que este esfuerzo parte de la persona interesada, siempre se puede opinar de un tema sin conocimiento, a fin de cuentas no hay una conexión entre opinar y saber (a veces, pareciera inversa). Pero si se quiere aprender de un tema en el mundo académico se requiere de estudio abocado, no sólo a lo que nos gusta o imparten, sino muchas veces a lo que no.

Condenados al éxito.

Se dice que nuestra generación rompe los esquemas, que viene para, de una vez por todas, cambiar este país para bien. Que, ahora sí, la gente indicada va a lograr que Venezuela se levante de sus problemas, los supere, y abra las puertas a una edad de plata (o de bronce, dependiendo de la visión que tenga el analista sobre la llamada generación del 28) en nuestra historia. Tanto fue el agua al cántaro que se acuñó hace algunos años la expresión de la generación 2007, con la que se nos trataba de asimilar con quienes en los principios de siglo, habían sufrido, resistido, o soportado, las facetas del gobierno “gomecista”. Sigue leyendo

La educación por hacer…

En un mensaje anterior realicé comentarios acerca de las opiniones predominantes en Venezuela, aunque no limitadas únicamente a éste país en torno al tema de la educación y su importancia. Trataré, a partir de ahora, de identificar soluciones para las apremiantes necesidades en el tema, especialmente en vista de que una arista del desarrollo es la calidad educativa y su acceso mayoritario por parte de la población. Sigue leyendo

La educación está sobrevalorada

Ante todo es fundamental aclarar algo, el hecho de que considere que la educación está sobrevalorada implica asimismo que tiene un valor, verdad de perogrullo que es clave acotar dado que las más de las veces se reacciona inmediatamente en contra de títulos y primeras líneas, como aquello de juzgar al libro por la portada. Sigue leyendo