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Juan Ramón Rallo contra el estatus quo.

Las redes en España se conmocionan con la noticia, un economista liberal ha sido el nuevo fichaje de la televisión pública. Las izquierdas se molestan, algunas llegan incluso a pedir su desincorporación. La Unión General de Trabajadores encendió la hoguera, reclamando que: “…se suspenda de inmediato cualquier relación laboral con Juan Ramón Rallo, es más, demandamos por parte de nuestra dirección que sepa quiénes son y qué deben defender, y que en consecuencia impidan la presencia de este señor en nuestras instalaciones.”

Pero por qué los hombres de la izquierda parecen reaccionar de manera desmedida frente a la que debería ser una oportunidad de demostrar cuán equivocados están los que ponen en duda de las ventajas de las políticas que la izquierda propone.

Existe una máxima tan antigua como la estrategia enunciada por Sun Tzu en el archicitado Arte de la guerra: “Hay rutas que no debes usar, ejércitos que no han de ser atacados, ciudades que no deben ser rodeadas, terrenos sobre los que no se debe combatir, y órdenes de gobernantes civiles que no deben ser obedecidas.” La última campanada de la UGT anuncia que algunos sectores de la izquierda están más que negados a presentarse al debate de las ideas.

La aspiración de los sindicatos en España.

Parte del problema se debe a que siempre han gozado de hegemonía en los medios de comunicación. En España, contrario a lo que se afirma afuera, existe una hegemonía clara de medios de comunicación de tendencia izquierdista. Probablemente sea una afrenta contra los paneles siempre complacientes, tan a gusto de las izquierdas que se dedican a enmarcar a las otras tendencias, la llegada a la televisión nacional de un personaje que destaca por ser precisamente incómodo para los marcos preestablecidos por el izquierdismo hegemónico.

Que un personaje de la talla de Juan Ramón Rallo entre en la TV pública de España debe representar para las izquierdas algo similar a lo que deben haber sentido los romanos al ver en el horizonte al general cartaginés Aníbal. Con gritos de “¡Aníbal ad portas!” los hombres y mujeres de Roma se hallaban despavoridos, encerrados en su propia ciudad, donde hasta ese momento se creían invulnerables. Claro, existen diferencias importantes, las izquierdas no han construido ninguna Roma, y Rallo no se presenta como un nuevo Aníbal.

JRR siempre ha sido un personaje polémico para el estatus, especialmente porque no teme tomar posturas claras. En sus minuciosos artículos y libros que pueden ser fácilmente catalogados como clásicos y de cabecera, Rallo ha sabido darle un aire al liberalismo. Antes los liberales no encontrábamos salida de las aulas, por falta de interés o por cierre de puertas, pero poco a poco Rallo ha conseguido levantar el cerco, y hoy encuentra eco en millares de personas que leen sus artículos.

No puede haber duda es que ya las izquierdas han recibido un golpe en lo que consideraba su Roma, los medios de comunicación, y la reacción no pudo ser peor. La UGT solicita que, con su desincorporación, se garantice el derecho a lo público. No deja de ser paradójico que se garantice lo público discriminando a quienes no comparten las opiniones de algunos. El asunto es que JRR no se encuentra sólo, al menos sociológicamente hablando.

Resultados recientes del Centro de Investigaciones Sociológicas muestran que, al menos, 12 de cada 100 españoles se afirman como liberales. Si es así, ¿por qué se debería impedir que ese 12 por ciento encuentre espacios en la TV pública? ¿No será que las izquierdas en el fondo están a favor de medios públicos únicamente cuando están en el gobierno, o gobierna un partido con el que pueden alcanzar compromisos acomodaticios? Creo que la llegada de Rallo a TVE puede abrir el compás político de una vez por todas, tal vez sea eso precisamente lo que se teme.

Hoy se recibe la noticia que ningún defensor consecuente de la libertad de expresión desearía, en un giro de sumisión a la presión de ciertos grupos, RTVE ha decidido desincorporar a Rallo del programa matutino. Tan sólo 10 minutos, de las 24 horas del día, iba a tener un personaje irreverente para contrarrestar horas y horas de impulso al intervencionismo en España.

Y este es sólo un dato en un canal, si se considera la gama de canales españoles, 10 minutos de una programación que goza de alrededor del 10% de sintonía al día permite apreciar lo exageradas de las reacciones.

Por supuesto, la salida de Rallo no es producto únicamente de la campaña negativa de la UGT. La complicidad de la línea editorial del canal sólo puede reaccionar así porque, además, comparte reservas ante el invitado. Muchos sectores de España se niegan a aceptar lo que Rallo demuestra, el Estado español es insostenible, y unas pocas reformas no van a resolver el problema. Tenemos que hacer saber a la gente que a políticos, mercantilistas, sindicalistas, es decir, a muchos en instancias de poder les repugna la idea de una sociedad más libre.

El temor a una sociedad más libre y su consecuencia, próspera, haría que muchas de las cosas a la que los ciudadanos se aferran por el miedo inculcado, esa desconfianza en el prójimo que hace que terceros deban inmiscuirse de principio a fin, perdieran sentido. Con ello, todos quienes sustentan su poder en el control y la dependencia de los ciudadanos, se verían desprovistos de la cortina que oculta una verdad enorme: las decisiones voluntarias y racionales entre las personas son definitivamente más libres y más democráticas.

Rallo defiende esto último, y por eso, se le aparta. ¿Qué es lo que no se entiende de Libertad de expresión?

Tan sólo un día se le permitió a Rallo colaborar en La Mañana.

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Violencia y propiedad

 

Creo que la razón de fondo de toda la violencia y daños que se están presentando en Venezuela tiene un origen muy claro, Venezuela, más allá de la educación del hogar, no cuenta con instrumentos de refuerzo a la idea de la propiedad. Evítese caer en los prejuicios típicos de quienes tienen posturas doctrinarias muy limitadas en torno a la idea. En Venezuela, más allá de lo que nuestros padres o ejemplos familiares nos inculquen consciente o inconscientemente, no podemos decir que existan mecanismos que fomenten la internalización del respeto a la propiedad de cada quien.

 

Y cuál es la noción más básica, filosófica, casi natural de la propiedad si no es la idea de que cada persona es propietaria de sí misma. Seres radicalmente conscientes, que poseen unas características similares, aunque no idénticas a los otros, provistos de lenguaje y razón (aunque no se compartan por todos), con valores e intereses infinitos. Se trata de una idea tan simple, que arraigó en un sinfín de culturas y que tiene su origen en el contacto humano cooperativo que nos permitió superar la barbarie.

 

Venezuela, así como muchos países, sufrió durante años (siglos tal vez sea más adecuado) de una puja entre el primitivismo y la modernidad. Esto fue lo que apreció Rómulo Gallegos y trató de transmitir a través de la palabra escrita. Pero el salvajismo perduró. Gozamos de islotes de paz, tranquilidad y prosperidad en base a ideas de una Venezuela que realmente no existía. Compramos con falsa abundancia la tranquilidad de los saciados.

 

El problema está en que muchas personas, especialmente en los puestos de decisión consideran la idea simple de que cada quien es propietario sobre sí mismo como una proyección economicista, cuando la verdad es que tiene raigambre filosófica más que económica. Básico, ser propietarios no obliga a asumir responsabilidades, esto incomoda a propios y extraños, la responsabilidad parece ser una carga que pocos quisieran asumir (no hablemos ya de respetar la responsabilidad de los demás).

 

George Bernard Shaw, más recordado por sus novelas y citas descontextualizadas que por su vanguardista apoyo a la erradicación física de los indeseables de la sociedad consideraba que en la responsabilidad radica el miedo a la libertad. Permítasenos concordar con Shaw únicamente en este último aspecto.

 

Ahora bien, de ser así, simplemente haría falta una adecuada política educativa que incida transversalmente en la formación de los ciudadanos de todas las edades. Pero la verdad es que no es así.

 

Los efectos de la educación en el tema del respeto de la propiedad básica de los seres humanos, y el consecuente de las propiedades extendidas, no pueden prosperar en un entorno donde haya incentivos tan perniciosos como en Venezuela. Sucede que en Venezuela están dadas las condiciones para que un finlandés, danés, noruego, o japonés transforme sus actitudes. No hablo ya de asesinar, sino de aspectos fundamentales del largo plazo.

 

Las perspectivas en el país se han alterado de tal manera que nada es previsible salvo el desastre. La inflación no cede sino que aumenta, y no bastando con ello, aprovechando cierto olfato político y unos valores bastante pobres, el gobierno nacional ha promovido los saqueos organizados. Obligando a reducciones de precios, el gobierno nacional busca promover lo que se podía olfatear con el establecimiento del control de cambio, la destrucción del sector empresarial. El pretexto del dólar preferencial no es suficiente, la economía es dinámica y está sometida a criterios de escasez relativa que se manifiestan en los mercados libres.

 

1.

 

La alergia al mercado, a la libertad de producción e intercambios no es una creación chavista, es algo enquistado en el alma de las corrientes políticas tradicionales de nuestro país. La estabilidad de los 40 años de democracia previa al chavismo fue un logro reconocible, pero si se considera el decreto de suspensión de las garantías económicas semanas después de la ratificación de la constitución de 1961 deben arrojar luces sobre el tema.

 

Cómo es posible que tras años de esfuerzo, una generación política respalde la suspensión de una constitución producto de sus propias propuestas. La historia venezolana sirve de pretexto, la lucha armada imponía condiciones particulares. Pero esto no es razón suficiente, puesto que quienes apoyaron la atribución de vulnerar la propiedad privada para luchar contra la insurgencia no se detuvieron a contemplar el hecho de que esa misma insurgencia no se componía de grandes propietarios, ni mucho menos estaban apoyados por ellos, cuántas hectáreas de tierra, ¿cuántas empresas, industrias y comercios, eran propiedad de los Petkoff, Bravo, Rodríguez, y compañía? Digo, como para justificar que se suspendieran las garantías y poder actuar contra los guerrilleros-propietarios.

 

La verdad es que los artículos económicos de la constitución fueron letra muerta hasta la eliminación de la suspensión de garantías económicas casi 30 años después. ¿Acaso la lucha armada, esa aglomeración de intereses del gran capital, asociado a la izquierda marxista seguía en su apogeo tras la pacificación de los 70? Tan solo 30 años después se restituyen estos aspectos de la constitución. Una generación entera no vivió bajo las garantías económicas, pero ni lo notaron, la opulencia de aquellos años permitía omitir estos aspectos.

 

Durante casi dos décadas Venezuela gozó de crecimiento económico permitiendo incorporar a millones de personas a los sistemas educativos y de salud de forma casi gratuita, debido a que gran parte de ellos se financió con renta petrolera. El sueño venezolano, la Gran Venezuela, pareció posible. Empresarios gozaron de respeto de facto, subsidios, créditos blandos, impuestos bajos y una inflación baja; los obreros de salarios cada vez más altos, con buena capacidad de compra, servicios públicos de estreno; finalmente, los partidos políticos y el gobierno se reservaron el financiamiento público de sus organizaciones, las nóminas estatales, los bienes administrativos de los distintos niveles del gobierno, y la capacidad para incrementar su injerencia y beneficios cuando así lo consideraran.

 

Esta fórmula funcionó muy bien durante los primeros 20 años, los sectores se repartían porciones variables, pero siempre existentes, de la riqueza, mientras que quienes determinaban el tamaño de esa torta estaban fuera del país demandando nuestras materias primas, o dentro de nuestras fronteras intentando casi románticamente rechazar las prebendas estatales o aprovecharlas de la manera más honesta posible. Luego llegaron las crisis.

 

Los precios bajaron, pero no se asumió, sino que cualquier cambio se postergó indefinidamente por inviabilidad política de los mismos, el resto es historia conocida. A los venezolanos nos llegó el fin de siglo y con él trajimos a la combinación de todos los males en un solo movimiento: el chavismo.

 

2.

 

El chavismo es en esencia antirrepublicano, y antidemocrático en el sentido moderno que tienen estas palabras. El chavismo son montoneras, como las de antaño, pero generalmente se valen más del voto que de las armas. Al chavismo no le interesan las minorías, a menos que se trate de su voto más fiel, sino una gran mayoría de venezolanos, con necesidades y expectativas insatisfechas desde hace años que constituyen su esencia. El chavismo no es paz, sino revanchismo, es la voz de todos aquellos que gozaron de la Gran Venezuela y de repente comenzaron a ver que las cosas no iban tan bien como antes.

 

¿Cómo puede esperarse que en este tipo de entornos prosperen los derechos de propiedad sin la adecuada voluntad política para apalancarlos? Venezuela, acostumbrada desde hace mucho al enfoque de arriba-abajo, no parece presentar tampoco las iniciativas de desarrollo de abajo-arriba. La concentración de atribuciones y facultades en el gobierno, la visión de que si hay desempleo se debe legislar para crear empleos desde la nada, el “si me va mal hablo con un amigo que es del partido” es tan nociva como cualquier impuesto. Son los incentivos que hay.

 

Y no se olvide el sin fin de problemas culturales. ¿Cuándo el posicionar a un familiar en un cargo deja de ser corrupción? Pues resulta que esto no se ve así en la familia venezolana. Es un deber, estando en una posición de poder, apalancar sí o sí a los familiares, esto no es visto como corrupción, sino como solidaridad. Porque si no se ayuda, se cae en la escala de la familia, sino “palanqueas” al otro eres mala persona.

 

El mérito ha ido perdiéndose en una maraña de palancas, obstáculos, delincuencia, inflación y demás. Todavía queda gente con méritos, cómo no, hasta en Zimbabue los hay, pero lo esencial es que ser honesto es cada vez algo menos cotidiano. Chávez no falló en esto, lo extraordinario se hizo cotidiano.

 

Esto nos lleva al último aspecto, que conecta con el comienzo, las muertes violentas en Venezuela eran hace 20 años una rareza, hoy día son la norma. Y no se puede alegar que se trata de los medios de comunicación, el chavismo en esto es casi hegemónico. Se trata de que cualquier mirada superficial a la data disponible muestra que Venezuela es hoy más violenta que en ningún otro momento del siglo pasado. Pero, ¿por qué sucede esto? Muchos alegarán que es la falta de educación, otros más atrevidos dirán que es escasez de cultura ¿?

 

Sin embargo, creo que es algo que le subyace a los niveles educativos y está enquistado en la visión de mundo de cada día más venezolanos: la propiedad de cada quien sobre sí mismo es un derecho exótico, cuando mucho un lujo en las circunstancias actuales. La propiedad es un lujo porque ingenuamente se creó la idea durante décadas de que tener es lo mismo que ser, y el ser es más importante que nada, si no tengo no soy. Para un país donde pocos tienen, la respuesta fue muy obvia, debe corregirse eso desde el gobierno.

 

Pero no se puede dar lo que no se ha creado, y el gobierno suele ser incapaz en el terreno de la creación, por lo que es necesario recurrir a quienes crean, se trata de la lógica primitiva del socialismo. La lógica expresa del socialismo es que nadie, en teoría, debe ser más que nadie y para ello el gobierno, encarnado en la forma que sea, debe intervenir para tomar del que tiene para darle al que no. Como se ve, es una idea muy simple, que se puede explicar a cualquiera.

 

Lo que sucede es que ni aquí ni en ningún lado esta idea ha conseguido traer prosperidad a todos. A la larga el socialismo no solo es inviable, sino altamente destructivo. En un país con una debilidad institucional como Venezuela, los efectos solo han sido mitigados por las ingentes ganancias de la renta petrolera. Pero nada puede durar para siempre. A mayor ganancia más gasto, y cuando los recursos se terminan, se procede al endeudamiento. Como puede verse, es la misma vieja historia, pero con nuevos actores.

 

Nuevamente, el gobierno, no solo en Venezuela sino en general, es incapaz de solventar la pobreza. Pero llevando lo que se había visto en los discursos de la izquierda criolla durante décadas, decide transmitir la idea de que no solo es injusto que exista pobreza y que esta es resultado directo de la riqueza de otros, sino que es moralmente legítimo que quienes no posean tomen por la fuerza.

 

El gobierno nacional dice que en el capitalismo no hay vida decente, que la pobreza es resultado de esto y que los desposeídos de este planeta deben tomar la justicia por sus manos cuando los gobiernos se la nieguen por defender a los intereses del capital.

 

Y he aquí que quienes asesinan lo hacen por una idea, se trata de la noción de que a ellos les fue negada una vida feliz, decente, y que no basta con tomar las pertenencias de alguien, nada de ello les hará recuperar el tiempo perdido y las vejaciones sufridas. Solo les queda una salida, no es óptima, pero es aceptable, y es que al tomar una vida están nivelando la balanza haciendo sufrir a los culpables del sufrimiento propio un infierno si se quiere compensatorio, y en última instancia, nivelador.

 

Esta es la afrenta más radical que puede haber contra la propiedad en su forma más básica e indispensable, se trata de un atentado contra la vida.

 

 

 

La república de Páez

Venezuela en no pocas oportunidades ha servido como caso de estudio para los interesados en las ciencias sociales. Sin pretender entrar en la discusión sobre la pertenencia o no de la Historia como ciencia social, asumiremos aquí que se encuentra indisolublemente ligada a las mismas, de forma tal que cobra sentido la afirmación que alguna vez hizo Schumpeter, que aquí parafraseamos, que de todas las dimensiones importantes para la economía, la histórica es acaso la más importante.

Hoy día se desconfía del sector financiero, y muchas veces con razón. Suele pasar que en la mayoría de los países los banqueros se han convertido en un sector protegido, destruyendo la dualidad ganancia-pérdida, tan necesaria para el funcionamiento adecuado del sistema capitalista de libre empresa. Muchas veces, los venezolanos de la intelligentsia consideran que debe protegerse a tirios (banqueros) y troyanos (deudores) para que se garantice un equilibrio entre las partes fomentando la armonía de intereses. Asimismo, la gran mayoría de los intelectuales, consideran que, en pos de un beneficio colectivo, las autoridades estatales han de establecer de forma centralizada las tasas de interés (sean referenciales por lo general); la libertad bancaria de fijar las tasas de interés sobre sus préstamos es nociva ya que tenderá a la usura y perjudicará a los deudores.

Opiniones como estas no solo son propias de nuestra realidad de hoy, donde pululan. Nos llevan a nuestra historia, más concretamente a los principios de Venezuela como república independiente. Por entonces se llevó adelante lo que Manuel Pérez Vila (1992) caracterizó como el gobierno deliberativo, coincidiendo además con la creación de las primeras entidades bancarias del país (con capital inglés, y a veces mixto por participación del gobierno como accionista), recordemos que hasta entonces existían las casas financieras donde los alemanes tenían una presencia importante. Por entonces las tasas de interés y los préstamos se generaban libremente, y, contrario a lo que se piensa, de acuerdo a lo señalado por Pérez Vila quien se basa en los datos de la Hacienda Pública nacional, los intereses no propendieron al alza, sino que se ubicaron en torno al 11 y 12% (llegando incluso al 9%), difícilmente alguien puede concebir estas tasas como usureras, sobre todo cuando hoy tenemos tasas un poco superiores y se habla de tasas muy bajas que solo fomentan aun más el consumo.General y Presidente de Venezuela José A. Páez

Sucede que, incluso, en un marco de relativa estabilidad pues eran frecuentes los alzamientos, el sistema de libertad financiera estaba resultando, y la muy golpeada economía a consecuencia de la guerra se estaba recuperando. Por supuesto, no se trató de una recuperación milagrosa y acelerada, sino que estaba basada en un esquema de crecimiento moderado y recuperación de capitales derruidos por la guerra. Y a pesar de todo, el sistema funcionó muy bien, se replantaron haciendas, se reiniciaron actividades abandonadas, el sector ganadero repobló sus fincas, y la artesanía encontró nuevos consumidores. Sin embargo, dadas las peculiaridades del comercio exportador nacional, nos encontramos ante el problema de exportar productos de consumo suntuario (café y cacao), reemplazables (añil y cueros) y con dificultades para incrementar la producción y encontrar nuevos mercados (carnes, que por razones técnicas no podía llegar más allá de las islas del Caribe). A fin de cuentas, Venezuela no era “indispensable”, y no se producían avances tecnológicos en estas tierras, el sistema requería más estabilidad, y por supuesto, tiempo.

Cuando se hizo complicado para los artesanos competir con los productos que llegaban de Inglaterra y otros países más avanzados en el proceso de desarrollo capitalista, se iniciaron las peticiones por parte de los grupos de interés afectados. Agricultores y artesanos empezaron a demandar mayores protecciones así como también políticas crediticias preferenciales, y de esta forma sectores que anteriormente se habían enfrentado o por lo menos tolerado como enemigos potenciales, se coaligaron para demandarle al Estado y su administración las protecciones que requerían para “sobrevivir y prosperar”. Hasta finales de los años 30, Venezuela había seguido una política muy cercana a principios “manchesterianos” que tanto le había funcionado a Inglaterra, por supuesto aun se tenía que avanzar en muchos frentes, pero la apertura en todos los sentidos rendía sus frutos, la prensa era permitida, se eliminaron los monopolios de los que gozaba el gobierno, y se procedió hacia la separación de la iglesia y el Estado (permitiéndose además la entrada a nuevas iglesias como la anglicana, e incluso religiones como la judía).

Pero en lo económico también se reportaron logros, la producción no solo creció, sino que la población también la acompañó en crecimiento. Venezuela fue muestra, mientras duraron los 17 años del gobierno deliberativo bajo la égida de Páez (quien merece ser rescatado ante la opinión pública), de que el proyecto de amplias libertades en el terreno económico produce bienestar colectivo. Evidentemente, Venezuela no poseía las características necesarias para alcanzar el ritmo de crecimiento inglés, mucho menos el norteamericano. Pero durante esos 17 años el país recobró una paz relativa e inició el avance, retrasado por la crisis política de 1846-1847, y con especial énfasis con el ascenso de los Monagas al poder, quienes, en conjunto con los partidarios del “liberalismo” venezolano (Guzmán y compañía) no dudaron en valerse de las malas prácticas del paecismo, y agregarles varias propias.

El fracaso del modelo, agotado por sus fallas políticas que le impidieron generar mecanismos eficaces de resolución de conflictos, se debió en gran parte por inmadurez política de “liberales” y “conservadores”, quienes fueron incapaces de generar acuerdos para compartir el poder y alternarse en el mando dentro de un sistema electoral semejante al que se desarrolló en otros países. Así, el monaguismo se encumbrará sobre los conflictos generados tras la amenaza de victoria de Antonio Leocadio Guzmán, y la llegada del primer Monagas al poder como candidato conservador con simpatías dentro del liberalismo. Como es sabido, Monagas solo perseguirá aumentar su poder y el de su familia, a costa del resto de los grupos sociales postergando la resolución de los conflictos latentes entre los grupos de interés y las clases discriminadas en el ejercicio del poder y el usufructo de los privilegios conduciendo finalmente al hecho sangriento de la Guerra Federal.

Razones para aprender economía.

Primero que nada se debe entender algo, la economía no se reduce a modelos, mucho menos a funciones matemáticas. Esta noción no ha hecho más generar daños a la capacidad de conocer la realidad. Incluso, al separar la economía en dos no se ha alcanzado el objetivo original cartesiano de separar las partes que componen un todo para así analizarlo mejor, sino que por el contrario, la confusión parece haber aumentado a raíz de  mecanicismos como el hombre económico y sus acciones siempre racionales maximizadoras de la utilidad.

Sin embargo, no es criticar las suposiciones racionalistas y matemáticas de los economistas lo que me preocupa aquí, sino el abandono aparente que muchas otras profesiones hacen del estudio económico.  Lo anterior se aplica en especial al caso que me interesa en particular, el de la sociología. Si bien solo puedo comentar sobre el caso que me atañe, por comentarios y reconocimiento progresivo de otras experiencias educativas en otros centros universitarios donde se da la carrera de sociología las situaciones me resultan muy familiares, y aunque no me aventuraré a asumir que lo que pasó en mi experiencia es generalizable, pienso que puede servir como testimonio sirva para que otros, con situaciones similares, se pregunten por las raíces del problema.

A fin de cuentas, ¿cómo es posible que una ciencia con pretensiones la ciencia imperialista por excelencia, aquella que acumule para sí todos los aportes de las otras ciencias y les de coherencia en colectivo, aquella que pretende tener un conocimiento complejo para abordar una realidad compleja tenga por conocimiento marginal a la ciencia económica? Razones hay muchas, pero creo que hay 3 principales:

1)      Prejuicios: se asume que la economía es una ciencia al servicio de los grandes intereses económicos, y que, enmarcada en una racionalidad que le es propia, solo contribuye a los intereses del capitalismo (suficiente para ser execrada de los estudios humanos). Como pueden presumir, esta es la actitud que toman quienes se asumen petulantemente con un conocimiento superior, más real, o más humano de la realidad social.

2)      Pereza: tiene que ver con lo anterior, pero implica una cierta pereza especial el asumir que el conocimiento es fundamental para el desempeño de un sociólogo, y no esforzarse por recolectar un conocimiento que, nos guste o no, ocupa titulares, opiniones, y decisiones de miles de millones de personas a diario. Mucho peor es cuando se estudia economía marxista y se piensa que se alcanzó la tapa del frasco, cuando en realidad se estaría en la parte más baja del mismo.

3)      Resentimiento: asumo que esta es la más simple de todas. En las escuelas de sociología no se le da un tratamiento serio al estudio de la economía porque muchas de sus enseñanzas y hallazgos van en contra de supuestos establecidos en la sociología tradicional de nuestro país (no caigan en arrogancia los economistas, lo mismo pasa a la inversa en las escuelas de economía). De esta forma, se asume que una de las dos áreas debe estar equivocada, y como es normal, donde no se puede llegar a una discusión sintética, uno de los dos debe caer.

De esta manera nos encontramos ante una realidad bastante difícil de superar, sociólogos y economistas hablamos lenguajes muy distintos. Asumo que esta realidad se mantendrá, por lo menos en mi alma máter, hasta tanto no se profundicen los canales de diálogo académico que nos permitan debatir, polemizar, y finalmente acordar de cara a la construcción de nuevos conocimientos para las ciencias sociales en Venezuela.

Esa es la razón por la que aún hoy una escuela de Sociología pretenda enseñar que la única teoría del valor es la del valor trabajo y que las relaciones económicas son juegos que suman 0; y que una escuela de Economía pretenda enseñar que los seres humanos somos seres enteramente racionales y que las acciones y decisiones solo deben ser juzgadas en términos económicos.

Pienso que para realmente aprender sobre un tema trascendental, se requiere superar estos y otros problemas. Un mundo complejo requiere un conocimiento complejo aunque sin pretensiones omniabarcantes (por cuanto imposibles). Claro que este esfuerzo parte de la persona interesada, siempre se puede opinar de un tema sin conocimiento, a fin de cuentas no hay una conexión entre opinar y saber (a veces, pareciera inversa). Pero si se quiere aprender de un tema en el mundo académico se requiere de estudio abocado, no sólo a lo que nos gusta o imparten, sino muchas veces a lo que no.

Libertad es: Crecimiento y Bienestar

Asumamos por un momento una realidad evidente en los indicadores económicos pero no en la opinión predominante de la mayor parte de los columnistas en el tema económico, el mundo de hoy muestra una multiplicidad de modelos económicos, pero ninguno de ellos se acerca realmente a los cacareados paradigmas. De esta forma se pueden apreciar una economía Sueca (para un análisis de Suecia ver “Modelos Suecos”, por Johan Norberg, disponible en http://nationalinterest.org/article/swedish-models-869), que para el estatus quo de articulistas es un paradigma de socialismo eficiente, y una región especial como Hong Kong que se aproxima como ninguna otra región o país al capitalismo liberal. Sigue leyendo

Problemas comunes para un gobierno que…se viene ¿?

Cada vez falta menos, y ya muchos en Venezuela tenemos ideas de lo que pueden ser dos futuros diferentes, aunque el grado de sus diferencias varía notablemente de autor en autor. Si bien todos los días parece acortarse e incluso invertirse la brecha entre los dos principales candidatos que hoy pelean por ejercer el cargo de la Presidencia de la República, la ventaja del candidato Capriles o el emparejamiento de las intenciones de voto deben ser tomadas con mucha precaución. Sigue leyendo

Sobre el empleo juvenil y la Ley de Reforma de la Ley de Régimen Prestacional de Empleo (o más sencillamente Ley de Primer Empleo)

Recientemente hemos visto como los jóvenes han pasado a copar las agendas planificadoras. Gobierno y partidos de oposición de todo el mundo, apreciando la disminución de las personas jóvenes ocupadas laboralmente durante los últimos años, identifican oportunidades y riesgos que ameritan la puesta en práctica de estrategias y políticas que intentan incidir sobre la situación de las millones de personas jóvenes desocupadas. Sigue leyendo