El chavismo sin Chávez

Luego de los resultados obtenidos por el chavismo el 7 de octubre de 2012, en medio de la resaca tras la derrota en una situación que creían, a todas luces, favorable para el candidato opositor, muchos analistas de oficio y amateurs pensaron que el escenario se complicaba de nuevo. Sin embargo, no dudaron en tener esperanzar claras ante una eventual complicación de la enfermedad del presidente Chávez, que ya se hacía evidente durante su campaña presidencial, lo que imposibilitaba el ya tradicional recorrido de Chávez junto a sus candidatos para potenciar su elegibilidad.

Chávez, recorriendo el país con cada elección, garantizaba al presidente en campaña permanente y, fungiendo como pilar, en el llamado efecto portaaviones, permitía a los candidatos chavistas gozar de un respaldo sin parangón en la política venezolana. Esa lógica contribuyó, aunque aún no se sabe la medida, a las victorias aplastantes en las elecciones regionales y se asumía como garantía de lo mismo en las recientes del 16 de diciembre de 2012. Chávez, y sus allegados hábilmente eligieron una táctica diferente, se harían 3 elecciones diferentes, en las que la primera, donde Chávez se jugaba la presidencia señalaría el camino de la siguiente, y por un efecto de acumulación de derrotas, barrería con la oposición en casi todo el territorio nacional.ES0752C-VENEZUELA-POLITICA-ELECCIONES_PREIMA20121007_0863_37

No es difícil imaginar la lógica que se derivaba de ese argumento, Chávez aparece como el político más decisivo en la historia reciente venezolana, su presencia lleva al paroxismo el fanatismo por una persona. Chávez es el norte y sur, es el sol y la luna, no solo para el chavismo, sino para muchos opositores también. Hemos llegado al punto en el que Chávez se ha convertido en símbolo, y por miedo a perder lo construido hasta hoy, los opositores con capacidad de decisión prefieren omitirlo a luchar contra lo que representa.

Pero lo más grave no es esto, es que el mal cálculo político (o la incapacidad, que en dado caso sería peor) volvió a pasar factura a la oposición. Se creyó que con un Chávez desactivado las chances eran mayores, pero si se ve el resultado, la oposición retrocedió en el número de cargos electos a nivel gubernamental. Si bien la proporción en cuanto a votos fue similar a la obtenida por la oposición 3 meses antes, se perdieron gobernaciones importantísimas (Zulia, Táchira, Carabobo, Nueva Esparta, y si se es laxo con el origen de los gobernadores, Monagas), a cambio de mantener dos claves (Lara y Miranda) y Amazonas.

El argumento de la abstención es casi ridículo, decir que la oposición salió desfavorecida porque sus electores se abstuvieron es tan válido como el de un chavista que diga que su victoria no fue más aplastante porque hubo traidores a la revolución que no fueron a votar. Siendo claros, la abstención afectó a ambos sectores, y solamente ayudó a denotar que, como es costumbre, las gobernaciones movilizan menos a la gente que la presidencia, y la presencia de Chávez moviliza para ambos lados, esto es, a favor y en contra.

También es fundamental entender otra cosa: todos aquellos que creyeron que el chavismo desaparecería tras Chávez deben revisar profundamente su cosmovisión sobre el chavismo. No solo existe el chavismo sin Chávez, sino que es capaz de ganar elecciones de forma notable. Se podrá alegar que se ganó Miranda, Amazonas y Lara, pero eso puede ser consuelo momentáneo, la verdad es que salimos mal parados y ahora la MUD y la unidad más allá de ella afrontan meses claves. En algunas entidades ya se aprecian resquebrajamientos claros, la incapacidad para mantener un respeto a los resultados de las primarias es un reto de primer orden que no parece andar por buenos caminos.

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El chavismo sin Chávez no solo es una realidad, sino que, por lo que parece, estará entre los venezolanos por mucho tiempo, bastante más allá de la presencia física de su emblema-creador, y por más tiempo de lo que algunos analistas opositores piensan. Hasta donde esto es culpa de cada quien es un tema que no compete a estas últimas líneas, sin embargo, dilucidar esto no debe dejarse para otros tiempos (ni como muchos mayores suelen hacer: en los inmaculados jóvenes), pues pareciera que la dinámica de la cotidianidad no ha hecho sino beneficiar la implantación del chavismo como característica que, unos más que otros, presentan.

Nos ha castigado hasta ahora la incapacidad de analizar un proceso personalista que a todas luces se le fue de las manos incluso a sus creadores. El llamado es que aquellos analistas criollos, que menospreciaron al chavismo, y quisieron creer que lo que vivíamos era una etapa de populismo autoritario bajo la égida de un caudillo que les pareció demasiado iletrado como para representar sus ideales de juventud (y en ocasiones actuales), reflexionen de nuevo, mediten sobre las consecuencias de lo que durante años afirmaron, y se replanteen la situación de cara a un futuro con un chavismo sin Chávez que, aunque pueda dividirse, va a quedarse.

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